

TRES GENERACIONES DEL CINE DOCUMENTAL FINLANDÉS
Breve reseña de su historia y del momento actual
El cine documental finés en esta primera década del siglo XXI sigue viviendo un período de oro que comenzara en la década anterior. Los filmes se exhiben en festivales internacionales y reciben el reconocimiento como obras sólidas y originales. Las películas documentales se realizan sobre los temas más diversos; además, en Finlandia existe un amplio grupo de cineastas talentosos. Esta situación no ha nacido de la nada —el cine documental finlandés tiene su propia historia—. Se puede hablar que el cine documental del país ha conocido tres generaciones.
La primera generación: los pioneros
Las primeras tomas documentales se filmaron en las calles de Helsinki en 1904. Las primeras películas no de ficción eran sobre viajes, noticieros y presentaciones de la industria nacional. Pero el tema más importante de la primera generación era el de la identidad nacional. El cine documental fue parte de este gran proyecto, la construcción y fortalecimiento de la identidad. Por ello se eligieron temas que eran fuertemente nacionales, como la naturaleza, la tradición popular y la economía ascendente de esta joven Nación.
La producción de cine documental estaba basado en dos factores: los filmes hechos por encargo, y el sistema de rebajas tributarias que estuvo vigente entre 1933 y 1964. Cuando se exhibía un cortometraje del país, el cine que lo proyectaba recibía un 5% de descuento de sus impuestos de cine. Esta medida legal activó el área de manera inmediata. Con el paso de los años estos filmes se fueron convirtiendo en propaganda comercial y el público perdió interés en ellos.
La segunda generación: un cine social
La segunda generación del cine documental finés surgió en las décadas del 60 y 70 del siglo pasado. Este grupo de cineastas realizó películas sobre temas sociales, políticos e históricos, estos últimos vistos con el prisma de los primeros. La conformación de esta generación no hizo sino seguir el desarrollo social general. La década de 1960 fue un período de radicalización extendida, la nueva generación quiso distanciarse rotundamente de las anteriores y puso de relieve las injusticias sociales. Al llegar la década de 1970 el movimiento de izquierdas se canalizó a través de los partidos políticos. Un rasgo peculiar de la situación finlandesa fue que la extrema izquierda se identificó fuertemente con la Unión Soviética y su política.
Los primeros autores de esta generación fueron los entusiastas del cine Jörn Donner, Aito Mäkinen y Risto Jarva. Ellos dirigieron también películas de ficción, pero tuvieron un papel importante en la historia del cine documental del país.
El documental social se convirtió rápidamente en documental político. Solidaridad (Solidaarisuus, 1970) —un film de Lasse Naukkarinen que tomaba partido de manera intransigente y que exigía tomar un compromiso político—, apareció en el momento y lugar adecuados, convirtiéndose en el documental clave de la época. Poco a poco el izquierdismo extremo se fue transformando en un examen más amplio y flexible de la sociedad y de la historia.
Mikael Wahlfors y Kai Salminen se especializaron en temas latinoamericanos y Peter von Bagh en películas de compilación. Antti Peippo, maestro de la forma breve, fue un cineasta excepcional y original en muchos sentidos. Sus primeras películas trataron acerca de la historia y del arte. Con su film El suplente (Sijainen, 1989) Peippo presagió la nueva ola de películas muy personales y subjetivas del período siguiente. Pirjo Honkasalo, Pekka Lehto, Jarmo Jääskeläinen y Markku Lehmuskallio, entre otros, formaron parte también de esta segunda generación de documentalistas. Casi todos ellos continúan activamente su labor creadora.
La base económica de la segunda generación del documental del país estuvo sustentada en una política de apoyo estatal. En 1961 se comenzó a otorgar premios estatales al campo del cine, que había entrado en crisis. Por otra parte, la Fundación del Cine Finlandés (Suomen elokuvasäätiö, SES) fue fundada en 1969. En verdad, el peso del sistema de apoyo estuvo en los largometrajes de ficción, y los ingresos de los documentalistas no fueron tampoco por entonces muy abundantes. En este período aparecen también distribuidores alternativos, como el Contacto del Cine Finlandés y el Festival de Cortometrajes de Tampere, fundado en 1970. Ambas instituciones fueron parte del mismo proyecto, el surgimiento del cine de cortos y documental independiente.
La tercera generación: el cine documental creador
La tercera generación aparece a fines de los ochenta y comienzos de los noventa del siglo pasado. La forma de trabajo normalmente fue diferente a la de la generación anterior: el punto de partida fueron temas personales y también fue diferente el carácter estético de las películas. También este período conoció la fuerte aparición de mujeres cineastas.
Este período se puede caracterizar como el de la generación de los cineastas artistas. Esto no quiere decir que los autores anteriores no fuesen artistas en el sentido valorativo del término, sino que el proyecto del cine documental finlandés era un proyecto de convertir el documental en una forma artística.
El cine documental se entendió como un medio de expresión personal y de valor en sí mismo, es decir, como lo dice la formulación oficial: un cine documental creador, que parte de los intereses del artista. El cine documental se convirtió en arte. Está reconocido como una actividad creadora con valor y significados propios, tanto para los espectadores como para toda la comunidad de documentalistas y para la sociedad misma, incluso.
En torno al cine documental han nacido diversas estructuras: tiene su espacio en la televisión, hay un catedrático de cine documental en la Universidad de Arte Industrial (Helsinki), el Festival DocPoint y el Gremio de Documentalistas, la organización propia de los creadores. El cine documental cada vez más pasa también a las salas de cine normales. El cine documental ha marcado sus diferencias con la ficción y los documentales para la televisión, así como con los documentales realizados por encargo o con fines pedagógicos. Y, por cierto, todo esto ha dado resultados.
Como se ha dicho, muchas de las obras centrales de la tercera generación son así llamadas, documentales personales. En estas películas el tema es marcadamente personal, encontrado sea en el creador mismo, su familia o en círculos cercanos. A menudo la presencia del autor en el film es muy destacada. A modo de ejemplo, Kiti Luostarinen y Kanerva Cederström han filmado documentales personales que han causado impacto.
Otra dirección de esta generación ha sido una aproximación estética a la obra. El cine documental se entiende como un texto construido donde el creador puede buscar una expresión y una forma muy originales. A menudo estos filmes se refieren a otras artes, al cine experimental o a las artes plásticas. Como ejemplos se pueden mencionar las obras de Ilppo Pohjola, Susanna Helke & Virpi Suutari y Mika Taanila.
Reconforta constatar que la producción de la década de 1990 y de lo que va de esta década del 2000 es muy versátil. Entre los que continúan tratando temas sociales están John Webster y Erkko Lyytinen, en cambio, lo histórico aparece en la obra de, entre otros, Seppo Rustanius, Taru Mäkelä y Pia Andell.
La mirada vuelta hacia el mundo
El cine documental finés siempre ha mirado en dos direcciones. Por una parte, hacia nosotros mismos, hacia nuestra propia identidad y hacia asuntos relacionados con la sociedad, pero, por otra, siempre ha sido internacional. Las cambios estriban sólo en las razones de la mirada y a qué puntos cardinales se ha dirigido.
La primera generación, a través del mundo exterior, puso su mirada en los fineses mismos, en la identidad del país, y en el interés por las raíces ugrofinesas. La siguiente generación miró hacia América Latina, Vietnam y los países en desarrollo, y, en general, hacia los lugares que convenían a las propuestas sociopolíticas del período. La tercera generación ha ampliado el horizonte abarcando todo el mundo globalizado. Los temas van desde el documental sobre el pueblo nenet (Norte de Rusia) de Markku Lehmuskallio y Anastasia Lapsui hasta los largometrajes de Arto Halonen sobre Cuba, Rusia y Turkmenistán.
Una de las razones de la fuerza de la tercera generación está en lo económico. Una política muy definida y en conjunto llevada adelante por el sistema nacional de apoyo al cine —la Fundación del Cine Finlandés (SES) y el Centro para el Fomento de la Cultura Audiovisual (AVEK)— y la Radiotelevisión de Finlandia (YLE), ha creado condiciones favorables para el cine documental. Tanto la SES como el AVEK otorgan apoyo financiero para la producción y la YLE compra por adelantado los derechos de representación. De esta manera ha sido posible financiar producciones ambiciosas y versátiles, aunque hay que decir que la competencia es fuerte y los recursos escasos. Sin embargo, si se compara la situación a la de otros países, los cineastas han podido realizarse de manera relativamente libre, sin presiones insuperables sean comerciales o de otra índole.
El documental finés tiene poco más de cien años de existencia. Vive y se transforma según los cambios sociales y del mundo a su alrededor. Ya se advierten en la atmósfera signos de que una nueva generación se está conformando.
Jouko Aaltonen
El articulista ha trabajado en el mundo del cine como director, productor, editor y guionista, profesor en su campo, y ha publicado libros, artículos y material pedagógico. Se doctoró en 1996 en la Universidad de Arte Industrial (Helsiki) con un estudio sobre el cine documental finlandés.
* Este texto es una versión abreviada y modificada del artículo “La tercera generación – Cuando el cine documental se convirtió en arte”, que se publicara en el catálogo del vigésimo aniversario del “Contacto del Cine Finlandés”.
(Traducción: Alfonso Padilla)